Si no pelo tetas, no es mi revolución

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Hola, me llamo Belencha. Soy la gorda negra que peló tetas en el Paro Internacional de Mujeres, en este caso, Paraguay. Junto a mis hermanas de La Feroz Colectiva y otras amigas, marchamos con los senos al descubierto haciendo uso político e ideal de nuestros cuerpos. No crean que no dudamos en las consecuencias posteriores, pero contra toda cuadratura, nos animamos y usamos nuestras tetas con consignas políticas, para armar bardo y replantearnos todo, desde lo personal hasta lo trascendente. Marchamos junto a aproximadamente 8.000 hermanas más, cantando e interpelando a la gente a replantearse las estructuras, y lo hicimos de una simple y poderosa forma.

No fue poca cosa el marchar con los senos al desnudo, menos en un país en donde pelar culos/tetas para vender está bueno, pero para exigir los derechos somos unas exhibicionistas asquerosas que no tienen en cuenta lo que podrían ver lxs niñxs que pasan por ahí.

“Doble moral, te queremos!” Quiero comentarles a nivel personal (ya que este blog lo escribo desde la individualidad) lo que me dejó el #8M y cuánta importancia tuvo y tendrá en mi vida.

“Me sentí pieles” dijo una de mis feroces amigas. El nivel de alegría y poderosa fuerza que vivimos fue maravilloso y se sintió gigante. No estamos solas, no somos unas locas y definitivamente nada importa más que la sororidad. Aparte de haber bailado por primera vez sin estar pendientes de posibles acosadores, violentadores, densos, y sentir libertad real y colectiva en el cierre y festejo de esa importante fiesta; para mi crecimiento personal y mi formación feminista en desarrollo, esta manifestación fue grandiosa para dejar de mirar mal a María o no bancarla a Juana por pequeñeces individuales que en ese momento no importaban. Las diferencias se quedaron en los costados, porque allí el panorama salió de mi ombligo, de mi planeta y se hizo universo. Se hizo galaxias con fuerzas de mujer. Aunque las diferencias completas nunca cesarán, lo importante es que el salir de nuestras perspectivas personales nos obliga a empatizar con las amigas, las conocidas, las fulanas que no conocemos pero escuchamos de, etc. Lo importante es que esas cuestiones son un absurdo en comparación a la fuerza y cuestión de fondo.

8M Paraguay. Foto: Luis Fernando Morel

Otra peculiaridad que alabo que fue como el efecto colateral más interesante fue la exposición de todes les caretas y los Nachos Progres. A medida que este proceso fue caminándose, la controversia generada desde lo organizativo hasta la marcha ayudó a visibilizar a las personas que se consideraban de línea progresista pero terminaban pasándote un “Manual de Luchas Feministas” porque no estaban de acuerdo con ciertas prácticas, lo cual no está del todo mal, pero como es la primera vez que lo hacemos, estaría bueno cometer errores y descubrirlos en las evaluaciones, no con las peyorativas críticas llenas de mala vibra. Gracias a las redes sociales, un millar de gente fue revelando sus realidades crudas con comentarios machistas, feos, misóginos, transfóbicos, homofóbicos, lesbofóbicos, gordofóbicos; lo cual sirve de filtro para trazar la línea de en qué punto histórico estamos realmente en cuanto a la lucha feminista acá en nuestro sufrido país. Aclaro que no fui parte de la organización pero el proceso se veía a través de las redes o se escuchaba con muchos oídos.

Ahora, el título de mi entrada iba a ser “si tocan a una, nos tocan a todas”, lo cual se debe a un cántico que se escuchó por las calles y luego lo viví desde una imagen “polémica” de mis senos, imagen a la que se le atribuyeron diez mil adjetivos diferentes, entre lindos, horribles y algunos muy hirientes. Pero, sin mentirles, viví ese “tocan a una, nos tocan a todas”. Entre tanta maldad, las chicas nos pusimos las camisetas y nos defendimos entre todas, nos bancamos y nos dimos amor con mensajitos, llamadas, abrazos, besos y mucha empatía. Fue hermoso sentir que esas líneas cobraban vida.. así que persons mala onda, pejeabrí, estamos juntas, en manadas y hermanadas.

A mi, entre tanta alegría de vivir todo esto y hacer muchísimas amigas más, se me solucionaron dos problemas personales de mayor importancia. El paro no sólo me devolvió un amigo al que habían succionado las malas energías de ambos (si, nde rasta olimpero) sino curó mi corazoncito que estaba perdiendo las ganas de seguir luchando. En una depresión que calaba hasta los huesos y por la que sigo luchando por salir, ayudada con las terapias y mimos amistosos, lo que faltaba aparentemente era moverme y sentir los ideales en callos ardorosos. Salir a gritar, reclamar, exigir, visibilizar, cuestionar, llorar, enrabiarse, reír, abrazar, amar. Eso me faltaba. Me faltaba pelar tetas de revolución.

Para terminar, recordemos que ciertos comentarios son la fiel prueba de cuánto necesitamos del feminismo y de andar en manadas y de ser hermanadas. Desde la naturalización de la violación, hasta el discurso doble moralista pro-vida “parí ahora, moríte después” lo que queda por decir es que hay tanto de qué hablar, tanto que debatir, tanto que leer, aprender y compartir. Lo prioritario es ahora el amor. Amar empezando por vos, recorriendo los vínculos con tu familia, tus amigas, empatizando, simpatizando, sintetizando, eliminando y enfatizando lo que cada una sabe que necesita.

“Amiga, yo te creo”
“Amiga, yo te banco”
“Amiga, yo te entiendo”
“Amiga, yo te quiero”.

 

Este texto fue publicado originalmente en el blog Relatos de una Gorda

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