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Eduardo Gudynas define los extractivismos como “un modo de apropiación de los recursos naturales de extracción de grandes volúmenes o de alta intensidad, donde la mitad o más son exportados como materias primas hacia los mercados globales”. En Paraguay, las empresas que se dedican a la soja y a la ganadería utilizan recursos naturales en grandes volúmenes y exportan granos y carne.

“Paraguay es uno de los cuatro mayores proveedores de carne a Rusia, junto con Argentina, Brasil, Uruguay”, dice el sociólogo Luis Galeano. “Paraguay es el sexto país con más cultivos transgénicos”, asegura Ramón Fogel. “Y  no lo digo yo, lo dicen los centros de investigaciones ligados a las empresas del agronegocio”. Galeano y Fogel se refirieron a éstos y otros temas durante un encuentro bajo el nombre de “Tierra, desigualdades y pobreza rural” realizado en el marco del seminario de investigación “Padecer desigualdades en el Paraguay contemporáneo” coorganizado por el Centro de Documentación y Estudios (CDE) y la  Dirección General de Postgrado y Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Asunción (UNA).

 

Para Galeano y Fogel, dos reconocidos sociólogos rurales,  existen diversas maneras de mirar las consecuencias del  agronegocio  extractivita en Paraguay:

 

-Daño ambiental:

 

La tala de bosques, principalmente para el cultivo de soja y el cultivo de pasturas para la ganadería intensiva, acarrea un impacto ambiental muy fuerte en nuestro país. Esta práctica se inició en la Región Oriental y actualmente afecta también al Chaco. El daño más profundo es la degradación del suelo.  “Entre el 2004 y el 2015, la utilización del  2-4D –uno de los componentes del “agente naranja” utilizado por Estados Unidos en la guerra química contra Vietnam– registró un aumento de importación del 9, 4% al 62, 4% en Paraguay”, según datos oficiales recogidos por el investigador Ramón Fogel.

-Salud humana:

 

“¿Conoce usted a más de una persona que tiene cáncer?”, preguntó Fogel.  Hasta la actualidad, las agencias más importantes que realizan un seguimiento de los avances científicos no han querido admitir las numerosas evidencias que vinculan el glifosato con el cáncer. Sin embargo, recientemente se descubrió que la mayoría de sus investigadores y evaluadores están vinculados con las empresas dedicadas al agronegocio.

 

En Paraguay, Ramón Fogel sugiere que existe un paralelismo entre el aumento de uso de glifosato y otros herbicidas y pesticidas en un periodo de tiempo y el incremento de mortalidad infantil por deformaciones, que registró un aumento 3.1 a 4.40  por cada mil niños nacidos vivos de 2007 a 2015. También hubo un aumento notable de mortalidad por cáncer en Paraguay en el mismo período.

 

-Migración y expulsión del campesinado

 

Existe una relación directa entre el avance de la frontera de la agricultura a gran escala y la expulsión de las familias campesinas minifundiarias de sus territorios de origen. Este fenómeno social corresponde a la descampesinización de la que hablan el sociólogo Tomás Palau y otros investigadores.

 

Los territorios donde más hubo migración campesina coinciden con los territorios del agronegocio, según explica Galeano

-Estratificación social y producción de alimentos

 

De acuerdo con Galeano, el campesinado paraguayo no constituye un sector homogéneo. Existen distintos estratos, que pueden clasificarse según su relación con los medios de vida. Uno de ellos corresponde a  aquellos campesinos y campesinas que son autosuficientes (25%). Las familias que pertenecen a este estrato suelen ser propietarias de una extensión entre 7 y 10 hectáreas y subsisten mediante la producción para el autoconsumo y la cría de animales. Otro estrato es el de las familias minifundistas, con miembros semi asalariados (50%). En estos casos, tienen pocas tierras y necesitan que algún miembro de la familia aporte ingresos a través de la realización de trabajo remunerado extrapredial (generalmente las mujeres se dedican al empleo doméstico y los hombres trabajan como peones). Finalmente, otro estrato es el de los sin tierra (25%), que prácticamente viven del trabajo para otros, es decir, asalariados temporales o realizan changas. La dinámica de estratificación social del campesinado paraguayo tiene consecuencias en la capacidad de producción de alimentos, debido a que la tendencia apunta a la reducción de los estratos autosuficientes.

 

 

 

Sobre los docentes

Luis A. Galeano

Es Doctor en Derecho por la Universidad Central de Madrid, España y Máster en Ciencias Políticas por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales FLACSO de Santiago de Chile. Fue  Director y es Investigador actual del Centro Paraguayo de Estudios Sociológicos (CPES). Es Profesor de la Universidad Católica, de la Universidad Nacional de Asunción y de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO). Tiene publicado libros y artículos, en revistas nacionales y extranjeras, sobre la cuestión agraria y otros temas de la realidad social paraguaya y latinoamericana.

 

Ramón B. Fogel Pedrozo

Es Doctor en Sociología por la Kansas University, Estados Unidos y Doctor en  Derecho y Ciencias Sociales por la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Asunción, Paraguay. Es investigador del Centro de Estudios Rurales Interdisciplinarios (CERI). Ejerce la docencia a nivel de posgrado en varias universidades del país y del exterior. Ha realizado trabajos académico-profesionales desde 1986, y ha obtenido un premio al mejor libro en economía del año 1982. Alterna publicaciones de perfil académico, con otras de consultoría en organismos internacionales y para el sector público del Paraguay.

 

 

El seminario de investigación “Padecer desigualdades en el Paraguay contemporáneo” se encuentra coorganizado por el Centro de Documentación y Estudios (CDE) y la  Dirección General de Postgrado y Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Asunción (UNA) en el marco del proyecto “Salud, enfermedad y pobreza urbana. Estudio de los procesos de salud, enfermedad y atención de las familias en la periferia sur de Asunción“. Este proyecto es financiado por el CONACYT a través del Programa PROCIENCIA con recursos del Fondo para la Excelencia de la Educación e Investigación – FEEI del FONACIDE.